Periodismo post-Snowden

edward-snowden-citizenfour1

Edward Snowden y el periodista Glenn Greenwald en Honk Kong.

Por José Antonio Brambila

Publicado originalmente en la edición 180 de la revista Zócalo.

SHEFFIELD.- El caso Snowden condensa los retos del quehacer periodístico en el siglo XXI. La historia detrás de las filtraciones sobre el espionaje masivo e indiscriminado liderado por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA por sus siglas en inglés) y su contraparte británica, el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ, por sus siglas en inglés), ejemplifica cómo los viejos dilemas periodísticos se revisten de nuevas circunstancias.

El manejo de fuentes anónimas y defensa de la privacidad, filtración de información sobre seguridad nacional e interés público, protección de información en manos de periodistas y libertad de prensa, adquieren complejidad y nuevo cariz hoy en día, cuando el espionaje digital es deporte internacional entre gobiernos del mundo, y la filtración y difusión de información confidencial, secreta o reservada, se encuentra al alcance de cualquiera con acceso a internet.

En materia periodística el caso Snowden ilustra la forma en que la encriptación (protección por medio de claves) de las comunicaciones entre periodistas y fuentes, entre reporteros y editores, es un aspecto esencial para salvaguardar la información y la identidad de los informantes. Respecto a la libertad de prensa, el caso presenta las ventajas de publicar en jurisdicciones (por ejemplo Estados Unidos con la primera enmienda) en donde la información en manos de periodistas está protegida, en contraste con las limitaciones en otros países (como Gran Bretaña) en los que el Estado impone márgenes de acción más reducidos a periodistas y medios de comunicación con materiales sensibles.

Encriptar las comunicaciones

El 19 de enero de 2015 el periódico londinense The Guardian reveló que de acuerdo con documentos filtrados por Snowden el GCHQ espió en 2008 los correos electrónico de los principales medios británicos y estadounidenses basados en la isla (entre los que destacan BBC, Reuters, the Guardian, the New York Times, y the Washington Post, entre otros). Según el rotativo inglés, el espionaje sobrepaso los intercambios de correos entre las áreas de relaciones públicas de los medios e incluyó, de forma intencional o no, comunicaciones entre periodistas y editores donde discuten decisiones editoriales.

Esta filtración confirma la urgencia para periodistas, editores y demás trabajadores de los medios por aprender a utilizar códigos de encriptación que, no exentos de ser descifrados por los servicios gubernamentales, otorguen tiempo para tomar decisiones editoriales que salvaguarden documentos y preserven el anonimato de ciertos informantes.

En el primer intercambio de mensajes que entre Edward Snowden y el entonces colaborador de The Guardian Glenn Greenwald, en 2013, el ex analista indicó al abogado que para facilitarle la primicia sobre el espionaje masivo e indiscriminado de la NSA – la historia de espionaje más importante en Estados Unidos desde los Papeles del Pentágono en 1971 – era necesario utilizar correos con encriptación, una medida extendida desde hace años entre miembros de la comunidad hacker pero ajena al entonces colaborador de The Guardian. “Por ahí hay personas de las que te gustaría saber cosas pero que nunca establecerían contacto contigo si no están seguras de que sus mensajes no van a ser leídos durante la transmisión”, comentó Snowden al abogado que radica en Río de Janeiro. “No tengo clave (para encriptar) y tampoco sé cómo instalarla, pero buscaré a alguien que me ayude”, prometió Greenwald.

Consciente del riesgo en el que se encontraba – el joven estaba a punto de revelar la maquina de espionaje internacional de la nación más influyente del mundo –, Snowden proporcionó a Greenwald un breve video con las instrucciones básico para encriptar correos electrónicos. Sin embargo, por carga laboral y desidia, como Greenwald mismo reconoce en su libro, el ex colaborador de Salon y Wired se desentendió del asunto: “…el programa es complicado, sobre todo para alguien como yo, poco ducho en programación y ordenadores. Era una de estas cosas para las que nunca encuentras el momento”.

Con el paso del tiempo y sin respuesta por parte del ahora colaborador de The Intercept, Snowden recurrió a la documentalista Laura Poitras, amiga de Greenwald y usuaria de códigos de encriptación. A petición de Snowden, ella facilitó a Greenwald los primeros documentos de la filtración más trascendente para la seguridad nacional en la historia de Estados Unidos. Sin el uso de técnicas de encriptación y sin los buenos oficios de Poitras, reconoce Greenwald, habría perdido la nota que mereció el Premio Pulitzer por servicio público.

Aunque el uso de códigos de encriptación tiene límites, el caso Snowden demuestra que, en un contexto periodístico de alto riesgo, encriptar las comunicaciones concede tiempo a los periodistas y editores para tomar las decisiones editoriales necesarias antes de revelar la información.

Como lo narra Greenwald en Snowden. Sin un lugar donde esconderse, el ex consejero de la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés) era consciente que tras publicar las revelaciones la NSA no tardaría mucho en descubrir su identidad. Pero la encriptación de información y otras salvaguardas de seguridad aseguraron tiempo suficiente para que fuera Snowden quien decidiera cómo y cuándo revelaría su identidad al mundo.

Jurisdicción y libertad de prensa

El caso Snowden también demuestra que cuando se trata de publicar información sensible, aún en la era de la hiper-globalización e internet, las jurisdicciones que gozan de mayor margen en el ejercicio de libertad de prensa resultan fundamentales para medios y periodistas.

Tras la publicación de las primeras filtraciones, los ataques e intimidaciones que recibieron el periódico The Guardian y sus colaboradores – que documento ampliamente en el número 169 de Zócalo – representan el extremo opuesto a las garantías que gozaron (y gozan) periodistas y medios de comunicación en posesión de las filtraciones en Estados Unidos.

El 19 de agosto de 2013, el entonces editor en jefe del medio inglés, Alan Rusbridger, dio a conocer que se vio obligado a destruir un mes antes las computadoras que tenían encriptada información filtrada a su periódico por Snowden. De no destruir las máquinas o entregárselas al gobierno, The Guardian podría ser cerrado. Esto a sabiendas de que la información no divulgada desde Londres sería publicada muy lejos de la jurisdicción británica por el buró en New York, ó por The New York Times – que también tiene una copia de los documentos – ó por Greenwald desde Río de Janeiro.

Los ataques contra el periódico londinense y sus colaboradores adquieren mayor relevancia cuando vemos que pese a haber publicado las revelaciones de Snowden, The Guardian US y The Washington Post, no enfrentaron intimidaciones como el diario británico y fueron reconocidas por el establishment periodístico estadounidense al recibir en 2014 el prestigioso premio Pulitzer por servicio público.

Mientras en Estados Unidos revelaciones como los Papeles del Pentágono y las filtraciones de Snowden se consideran material protegido en manos de periodistas, en Reino Unido son objeto de investigación criminal. Lo anterior pese a que The Guardian se condujo con los más altos estándares periodísticos, publicando solamente el material de interés público.

A diferencia de los ataques en Reino Unido, según Alan Rusbirdger, director editorial de The Guardian durante la publicación de las filtraciones, la garantía que gozan periodistas y medios de comunicación que cuentan con información confidencial en Estados Unidos se originó durante el debate por la publicación de los Papeles del Pentágono, en 1971, cuando la Suprema Corte de Justicia estadounidense colocó el estandar muy alto para proteger material en manos de periodistas.

“En Estados Unidos ningún miembro del gobierno puede detener a algún periódico por publicar algo; en Gran Bretaña hay mayores restricciones, una especie de censura, el Estado puede detenerte antes de publicar”, afirmó Rusbridger durante la conferencia After Snowden, el 23 de octubre de 2014 en Sheffield.

Periodismo de servicio público

Para Alan Rusbridger el caso Snowden también demuestra que el periodismo crítico es una fuerza independiente capaz de exponer a los poderosos y generar debates sobre privacidad y espionaje de Estado. “(Snowden) acudió a la única fuerza realmente independiente”, sentenció durante la conferencia After Snowden.

De acuerdo con Rusbridger, Snowden sabía lo trascendental de denunciar a la NSA de manera periodística, por lo que no eligió ni publicarlos por si solo (“Si quisiera tan solo publicar masivamente los documentos en internet, habría podido hacerlo yo mismo, confío Snowden a Greenwald en Hong Kong), ni por medio de Wikileaks – como lo hizo Chelsea Manning en 2010 –. Según Rusbridger, Snowden “quería que periodistas tuvieran los archivos; él quería que ellos hicieran sus propios juicios independientes”.

En el mismo sentido, Greenwald explica que aunque deseaba una cobertura sin concesiones, quería también periodistas meticulosos que se tomaran el tiempo necesario para garantizar que los hechos serían irrebatibles y que todos los artículos se analizarían a fondo”.

“Él (Snowden) quería que ellos le dieran sentido a la inmesidad de material complejo, que ellos le dieran contexto y que trataran que la gente entendiera lo que significa; él quería que los periodistas mantuvieran los debates subsecuentes”, dijo Rusbridger en el marco del los 20 años del Departamento de periodismo de la Universidad de Sheffield.

Visto en conjunto, el caso Snowden no sólo concentra algunos de los retos esenciales del periodismo del siglo XXI, como lo son la protección de las comunicaciones y el resguardo de la privacidad de las fuentes, sino que revalora el oficio periodístico como una de las pocas arenas independientes para librar las batallas contra los poderosos. Este caso recuerda que el periodismo es el Cuarto Poder precisamente porque es independiente de las otros. Critica. Interroga. Exhibe.

@jabrambila

jabrambila.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s